A las ya medidas de inocuidad que por décadas precede la producción de carne de vacuno y cordero en Chile, hoy las plantas faenadoras, procesadoras y frigoríficas enfrentan la mayor de las tareas titánicas: implementar medidas adicionales que salvaguarden las vidas humanas, de los cientos de personas que día a día se levantan a trabajar en pos de continuar el abastecimiento de este vital alimento.
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Por Chilemeat/by faenacar A.G.

Como si fuese una quimera vista desde lejos (en un comienzo), la decretada pandemia denominada  COVID – 19 ha dado muestras de su mortífero ataque a nivel mundial, y pese a creer que no llegaría a Chile, ni su infranqueable cordillera la pudo aplacar. Por lo que las plantas faenadoras y procesadoras de carne de vacuno y cordero de Chile, congregadas en torno al gremio CHILEMEAT, han desplegado un arsenal de medidas preventivas para salvaguardar los cientos de vidas humanas que atenta arrasar este virus.

Desde Santiago hasta Punta Arenas, la Industria ha dado muestras de estar preparada en materia de inocuidad alimentaria. Los mercados de exportación han llevado con el tiempo a elevar los estrictos estándares de bioseguridad, por lo que en áreas productivas es una práctica habitual entre el personal, siendo las áreas más vulnerables a la pandemia las zonas de casinos, vestuarios, oficinas administrativas, entre otras.

Si bien a comienzos de año nuestras plantas observaban con preocupación y temor la contingencia mundial, también se dieron la tarea de investigar y considerar las acciones internacionales, que más tarde añadirían las directrices entregadas por la autoridad nacional, como el Minsal, el ISP, el SAG o la Inspección del Trabajo, buscando abarcar todas las variables de prevención -en la medida de lo posible-, frente a casos de contagio, donde la Industria no ha sido la excepción, y ya ha sufrido a la fecha los embates de la pandemia presentando casos positivos en muchas de nuestras plantas.

No obstante, esta vorágine sanitaria les ha planteado un proceso de aprendizaje continuo, donde la conformación de mesas de trabajo o comités de emergencia exclusivos para enfrentar la pandemia ha sido clave frente al cambiante e inhóspito escenario, que ha puesto a prueba la resiliencia de todos. Dotados de estrategia e inteligencia emocional, los equipos de trabajo están compuestos por gerencias, jefes de áreas, supervisores, prevencionistas, encargados del área de aseguramiento y calidad, mantención, sindicatos (en algunos casos) y comités paritarios, quienes desde el primer día se han entregado a la labor de no declinar pese al cansancio y mantener firme la moral de todos los trabajadores en materias integras como es la salud, el trabajo y el continuar dando cumplimiento a la cadena de abastecimiento de uno de los alimentos vitales para el mundo, como ha de ser la carne, no solo distribuidas en supermercados y sus propias salas de venta, sino también a carnicerías de barrio que abastecen a gran parte de la población.

Para efectos de cómo enfrentar la situación, lo primero que se realizó fue aislar al personal que conformaba el grupo de riesgo (mayores de 60 y quienes presentan enfermedades crónicas), donde el teletrabajo no fue una alternativa para todos, dada sus funciones. Sin embargo la complicación de este tema -manejada a estas alturas del escenario-, estuvo en el trabajo de contención de la ansiedad presentada por el personal al querer sentirse útiles desde sus casas. El miedo a perder el trabajo o la posibilidad de bajar su nivel de ingreso, fueron variables a trabajar con ellos, donde el área de gerencias reforzó los mensajes de tranquilidad, fundamentales para continuar incentivando el resguardo de la salud de éste grupo de personas.

Cabe destacar que las nuevas medidas adoptadas no siempre fueron comprendidas en un comienzo, y se generó cierta resistencia en algunos trabajadores al implementarla. Fue así como el uso de mascarillas obligatorio y la segregación social significó mayores esfuerzos en esta materia -comentan las plantas-.
Si bien el uso de mascarillas es un hábito al interior de las áreas operacionales de las empresas, al imponer su uso obligatorio para todos decantó en un problema mayor, esto porque no todos estaban acostumbrados y escaseó además este insumo, lo que llevó a generar un trabajo mancomunado con empresas costureras locales para satisfacer la necesidad de este EPP, considerado clave en la prevención y disminución de la propagación del contagio.

En relación a la segregación del personal, lo complejo fue enfrentarse al horario de almuerzo, principalmente. Esto porque sociabilizar es costumbre y sentían que atentaban contra su horario libre. Para ello, muchas de nuestras plantas dispusieron mayor señalética, diseñaron y distribuyeron más folletos, e incrementaron las inducciones internas (vía videos, vía remota o mediante congregación de grupos pequeños).

Además de la implementación de separadores físicos en casinos -que han podido sobrellevar de buena manera al pasar las semanas-, el uso de la música en este horario de jornada ha ayudado a bajar los niveles de estrés en algunas plantas que lo implementan; así como también ampliar estos espacios y desarrollar jornadas de escucha activa, donde se resuelven las inquietudes en torno a cómo prevenir el contagio fuera de planta, enseñándoles al personal la importancia del distanciamiento social y el confeccionar su propio pediluvio en su hogar.

Evidentemente las medidas de prevención en bioseguridad se han incrementado en las plantas, donde el mayor de los esfuerzos estratégicos ha consistido en detectar los puntos de contagio. Es así como el ingreso a planta, zona de vestuario y casino, buses de traslados y prohibir el ingreso de visitas son contantemente monitoreadas bajo un exhaustivo control sanitario. Segregar al personal en grupos afines de funciones, ha permitido prevenir y llevar una trazabilidad de los contagios por contacto directo al interior de la empresa. A ello se sumó también el incrementar al doble los buses y transfer de acercamiento, donde se redujo a un 50 por ciento la capacidad máxima de traslado del personal. Sin embargo nada parece suficiente a la hora de enfrentar una pandemia que a ojos de todos es desconocido y sigiloso.

El lidiar con la histeria colectiva si bien en un comienzo fue problema -esto por el desconocimiento e inseguridad básicamente-, hoy en día dicen sentirse más seguros trabajando al interior de la planta que fuera de ella; -manifiestan algunos trabajadores, lo que nos lleva a seguir evaluando y reevaluando las medidas preventivas constantemente, con la esperanza de no sucumbir ante esta pandemia que no tiene fecha de caducidad ni miramiento por el ser humano.

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