Pretender opinar de la oferta y demanda, de los precios o de la rentabilidad del negocio parece extremadamente pretencioso para cualquiera que haya vivido los problemas operacionales frente al Covid. Se duerme mal, se siente el cansancio en el cuerpo, se resiente el espíritu y dan ganas de estar en otro lugar. Sobrevivir es la consigna, cuidar a nuestra gente y que la planta no pare es suficiente. Sólo les puedo aconsejar prepararse para resistir.
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Por Felipe Alarcón Vergara
Gerente General de Plantas Camer (vacunos) y Comafri (cerdos)

Me pidieron comentar en relación a los efectos de la pandemia en nuestra industria. Si me hubieran pedido esto tres semanas antes mi opinión sería profundamente distinta a la que voy a describirles:

La antesala

Hace 20 días, en ambas plantas, nos encontrábamos tempranamente con todas nuestras medidas de salud preventivas implementadas, preparados como para la más dura de las auditorias de exportación, con nuestros colaboradores capacitados, informados de los cuidados y de los cambios de conducta necesarios, operando con las medidas preventivas…podríamos decir que estábamos listos. Pero, lo que con mucho esfuerzo habíamos hecho en las plantas no era más que preparar el campamento base, estudiar el terreno, disponer las tropas, entrenar a los guerreros, estudiar al enemigo y definir la estrategia de combate. Lo que no entendíamos de verdad era que íbamos a la guerra.

Las primeras escaramuzas

En la planta de Santiago (Camer), un jueves 07 de mayo apareció el primero de nuestros colaboradores con síntomas del virus. De acuerdo a lo planificado, el sospechoso avisó preventivamente desde su casa, se le pidió no asistir a la planta, dirigirse a realizar el examen PCR e informar. Todo dentro de los planes. Se reúne el comité de COVID, analizamos el cluster (grupo pequeño de colabores que se mueve como una célula independiente), determinamos los contactos estrechos, todo en orden.
Al día siguiente, otro sospechoso más avisa a media mañana desde su casa que un familiar es positivo, luego en la tarde otro más. Ya no es un cluster sino dos, de distintos sectores de la planta, el análisis se pone más complejo, ya tenemos tres bajas. Hasta ahí manejable. Según lo habíamos definido cualquier persona con síntomas quedaría fuera de la operación. Llega el lunes y el rival “nos patea el tablero”.

La batalla

El enemigo nos atacó de noche, nos rodeó sigiloso, engañó a varios de los nuestros que no creyeron que atacaría y que siguieron con sus costumbres sociales, metió en sus filas a familiares y amigos, buscó cómplices en la comuna de San Bernardo marcada por el hacinamiento y un crecimiento fuerte de los contagios, y para cuando amanecía el lunes 12 de mayo atacó por todos los frentes. Toda la estrategia no fue suficiente, pasamos rápidamente a “contar las bajas”, faltaban más de 8 personas en sus puestos, reubicar tropas era difícil, estábamos perdiendo tiempo de trabajo y los de infantería no servían en la caballería. Pero había que armarse de alguna manera, el personal de reemplazo que habíamos previsto ayudó a relevar funciones, logramos defender el primer día. Durante la semana, más dificultad para armar la línea, comenzar a registrar la base de datos de las bajas y sus causas, las fechas de su salida, sus licencias, su potencial regreso, avisar al Seremi de Salud, analizar los clusters, informar al personal, contener su temor y el nuestro, reclutar nuevos guerreros, más bajas, aplicar test rápidos, algunos soldados desertores (licencias extrañas), dudas de si nuestros muros de contención serían suficientes para aguantar estos primeros ataques, aparecen los primeros guerreros positivos. Al principio del conflicto éramos 126 en la legión, unos 110 directamente relacionados con la línea de producción. Primero perdimos a 11 de nuestros experimentados guerreros (mayores de 65), pero al cabo de la primera semana de escaramuzas perdimos a 14 más por distintas heridas, unos por ser positivos, otros tantos por tener a un familiar positivo en sus casas; la dificultad para operar era tremenda. El enemigo avanzaba, las barreras sanitarias hacían su efecto, no se propagaba a su voluntad, lo conteníamos relativamente bien, pero aparecían casos inconexos por distintas zonas de la planta.

El Mariscal de Campo

Al cabo de los primeros 10 días, viene la peor de las dificultades, mi mariscal de campo (Jefe de Planta) cae en batalla, contagiado positivo, hospitalizado, con neumonía e intubado. La moral de la tropa decae, la mía personal también. Con temor y sin ser mariscal de campo, no queda otra que incorporarse a la batalla. Con toda la ignorancia tomo el control en terreno, se agrupa a la tropa y se arenga para que unidos nos esforcemos por mantener la planta operativa. Apoyado en coroneles subrogantes e infantes aguerridos, mezclados por la sobrevivencia nuestra y de la planta, comienza la reorganización. Surgen los nuevos líderes, aquellos que ponen su voluntad y esfuerzo sin restricciones, que van donde los pongas, que llegan antes si es necesario, algunos recién reclutados que parecieran ser de los nuestros desde siempre y también algunos de los nuestros que no parecen serlo. Nuestra capacidad máxima es de 500 animales/día, pero el enemigo nos aplasta hasta los 280 animales/día, nos hace ver muy lentos, con falta de experiencia, con riesgo de accidentes. Se duerme mal, se siente el cansancio en el cuerpo, se resiente el espíritu y dan ganas de estar en otro lugar. Al inicio de la segunda semana son 34 las bajas acumuladas, la mayoría de ellos preventivamente por positivos en sus casas, hemos sido capaces de reponer casi igual cantidad de personas, las murallas sanitarias de contención aguantan bien, las labores se reorganizan. Pero como un tiro de gracia (aunque por razones humanas comprensibles), el SAG nos recorta una hora de funcionamiento. Al mismo tiempo, la demanda de faena diaria nos presiona rozando los 820 animales cuando no hemos superado los 300 animales/día de producción. El enemigo nos tiene en sus manos…la semana deja pendientes 200 animales para el lunes siguiente.

La remontada

A pesar del avance del enemigo, las murallas han resistido bien, las medidas sanitarias rinden efecto, no hay propagación masiva, nos audita exitosamente el Seremi de Salud y el Sag. Nos hemos reorganizado rápidamente, las bajas comienzan a ser menos (solo 4 en una semana), los reemplazos adquieren habilidad, el equipo se potencia desde la adversidad, nos hacemos más rápidos, despertamos más temprano que el rival (anticipamos la partida de faena), reforzamos a los cansados, logramos repetir formación durante varios días seguidos, y alcanzamos un peak de 368 animales/día. Trabajamos en feriado y sábado, planificamos de noche, dejamos de pensar en el enemigo y nos focalizamos en nosotros. Al final de la tercera semana el enemigo retrocede, tenemos bajas pero más espaciadas, nuestros guerreros ya saben a lo que se enfrentan, no hemos perdido el miedo, pero ganamos en rigurosidad de las medidas preventivas. Nadie va a la guerra para perderla, pero según avanza, se redefinen los objetivos. Ganar dejó de ser un objetivo, sobrevivir es la consigna, cuidar a nuestra gente y que la planta no pare es suficiente, ocupar todos los recursos económicos es prioritario, no importan los gastos, solo se piensa en seguir peleando. Comienzan a volver los primeros heridos post cuarentena.
Sábado 29 de mayo 14 hrs. “los corrales están desiertos”, cumplimos con la demanda…el enemigo por primera vez nos tiene respeto.

Lo que viene

No puedo decirles que hemos superado esto. Sólo hemos sido capaces de sobreponernos a un primer gran ataque. Todo sale de lo normal, todo viene de golpe aunque lo hayas planificado bien, todo se reordena, todo se desenfoca. El éxito está en seguir en pie. Esto va a seguir así por mucho tiempo, los que ya hemos convivido con este vendaval podremos anticipar mejor las próximas batallas.

Pretender opinar de la oferta y demanda, de los precios o de la rentabilidad del negocio (que es lo que me pidieron) parece extremadamente pretencioso para cualquiera que haya vivido ya estos problemas operacionales del Covid. Sólo les puedo aconsejar prepararse para resistir, tener personal de reemplazo desde ya, cuidar a sus mariscales con medidas de seguridad extremas, capacitar y recapacitar a los guerreros para que tengan buena conducta social fuera de la planta (parte muy importante de los contagios), organizar relevos, capacitar personal en los puestos críticos, estar cerca de su gente, mezclarse con ellos, estar en el terreno de batalla para que vean que si estás ahí es porque confías en lo que has diseñado para contener, cuidar mucho tus medidas sanitarias personales, y sobre todo contagiarse, pero contagiarse del orgullo que genera ser parte de los que se ofrecen para pelear.